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EL corazón es el motor de nuestro organismo y por ello lo tenemos que cuidar.
El nivel alto de colesterol, la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y la obesidad, son factores determinantes en el desarrollo de las enfermedades cardiovasculares.
- Tabaquismo: Fumar cigarrillos se relaciona con enfermedad coronaria y con las crisis de isquemia miocárdica y afecta desfavorablemente al perfil lipídico; aumentando LDL-colesterol y reduciendo el de tipo HDL. La supresión del tabaquismo trae consigo una mayor capacidad para realizar ejercicio físico y un menor número de episodios de angina de pecho. A los pocos años de abandonar el hábito de fumar, el riesgo de sufrir un infarto de miocardio retorna a un nivel similar al que tienen aquéllos que nunca fumaron.
- Hipercolesterolemia: Los niveles de colesterol elevados se relacionan con aterosclerosis coronaria, por consiguiente, debe corregirse con un tratamiento dietético y farmacológico.
- Hipertensión arterial: No existen dudas de que la hipertensión arterial se asocia con una mayor frecuencia de enfermedad coronaria. Por ello, es de mayor importancia controlar la presión arterial y mantenerla en cifras normales. (130mmHg- 80mmHg)
- Obesidad: El sobrepeso se traduce en un exceso de trabajo cardíaco, o lo que es lo mismo, en un aumento de las demandas miocárdicas de oxígeno. Los pacientes obesos deben disminuir el peso corporal con una dieta hipocalórica equilibrada y un programa de actividad física.
- Diabetes mellitus: Es un factor de riesgo y debe controlarse mediante la dieta, el control del peso corporal y la actividad física, asociados, según los casos, a tratamiento farmacológico.
- Ejercicio físico. La práctica de ejercicio físico es beneficiosa, preferentemente al aire libre, siendo las actividades más aconsejables: andar, montar en bicicleta, nadar, etc.
- Alimentación: La dieta debe ser equilibrada para prevenir la enfermedad. El consumo de grasas saturadas y de alimentos hipercalóricos favorece la acumulación de grasa, por lo que se incrementa el riesgo de arteriosclerosis y, por tanto, de obstrucción coronaria. Debido a esto, es recomendable disminuir el consumo de grasas saturadas (embutidos, carnes ricas en grasas, tocino, mantequilla, quesos grasos, nata, etc.) e incrementar el de insaturadas (pollo sin piel, pescados, aceite de oliva, entre otros). Asimismo, se debe reducir el consumo de alimentos que aporten colesterol (yema de huevo, vísceras, mariscos, etc.) y consumir alimentos con fibra. Tampoco se debe abusar de la sal para controlar la presión arterial.